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   Las Vaquerías    4/12/2005 7:31:19 AM
   
Las Vaquerías Hace ya muchos años, cuando la tecnología no había avanzado tanto, cuando sólo había caminos reales y se arreaba el ganado por grandes distancias, era cuando existían los llaneros recios, verdaderos centauros del llano, hombres de toro, caballo y soga, héroes anónimos de Venezuela. Aquellas Faenas ponían a prueba sus destrezas , pues durante las vaquerías, esos hombres dejaban el alma, y es que más que un trabajo, para ellos era una forma de vida. Con sus sombreros, sus tucos y sus alpargatas iban a meterle el pecho al llano, a tragárselo montados sobre un caballo y con un escapulario por corazón, esos llaneros vibraban en las corrientes de los ríos, en la explosión de los truenos, en el galope del potro y en el bramar de la vacada; esos llaneros no eran más que un pedazo del llano inmenso.

Las vaquerías se realizaban en dos épocas del año, a las entradas de agua y a las salidas de agua, es decir, las primeras eran entre mayo y junio (a veces julio) en ocasiones trabajando con el agua a la coraza; y las segundas entre diciembre y enero ya terminando el invierno. Para salir a esas faenas había que ser “llanero completo” de sobrada experiencia o por lo menos de mucho ímpetu y coraje, con mucha astucia y creatividad para resolver los inconvenientes que podían presentarse; gracias a Dios, la sabana era más que una universidad para los nacidos en el llano. Crecer entre mastrantos, samanes, vacadas, atajos de yeguas, garzas y gabanes hacía al vaquero genuino parte del paisaje llanero, lo convertía en una extensión de la naturaleza del llano, lo transformaba en un órgano vital de la llanura y lo contrataba como guardián celoso de la inmensidad.

En la víspera de las vaquerías se hacía lo que se llamaba “la Reunión”, allí se juntaban los llaneros de varios hatos, generalmente en parejas, y formaban una tertulia llena de anécdotas, chistes y cuentos de vaquerías anteriores, posiblemente algún cuatro se dejaba escuchar y así se pasaba el rato compartiendo sanamente. Al día siguiente comenzaba la brega fuerte, empezaba el trabajo a punta de madrugada, de ahí en adelante lo que venía era el trabajo infalible de esa dupla maravillosa de jinete y caballo para realizar sus labores, el ojeo y el rodeo entre otras tantas, entendiéndose que el ganado de rodeo era aquel que, aún cuando no era manso, obedecía al manejo a caballo y se dejaba arrear, mientras que el ganado de ojeo era el que al ver a los vaqueros comenzaba a correr, de allí que los llaneros a caballo tuvieran que salir a enlazarlos y muchas veces a colearlos para que no se internaran en la montaña y regresaran a la manada. La partida era bajo cualquier circunstancia, incluso mal tiempo; de todas todas los vaqueros tenían que salir del hato con el ganado madrinero para guiar al ganado cimarrón en el regreso, y así ya a la una de la tarde aproximadamente venir de retorno con la gran marcha de ganado enrumbada hacia el hato con los llaneros arreando, y eventualmente enlazando, a las reses que se salían de la madrina.

Finalmente se llegaba a los corrales como a las cuatro de la tarde, entonces se mataba una res para comer, esto representaba desayuno, almuerzo y cena, puesto que hasta esa hora sólo se llevaba en el estómago la taza de café madrugador que se tomaba antes de salir a la sabana. Luego de comer, en ocasiones se comenzaba a herrar a los becerros orejanos que vinieron en ese lote, a veces hasta entrada la noche. Después se cerraba la jornada laboral y los llaneros más jóvenes y algunos no tan jóvenes, luego de un chapuzón en el río, iban a algún baile a cantar un joropo o a conquistar a alguna mujer que le estuviese robando el sueño. El espíritu incansable del llanero prevalecía y a pesar de la jornada dura de trabajo y del merecido esparcimiento nocturno, como el mismo sol o quizás antes ya aquel hombre humilde estaba haciendo honor a su responsabilidad y a sus principios, trabajando, luchando y construyendo país, sin más recompensa que los 5 reales diarios de sueldo y el sentimiento de vibrar de nuevo con la sabana infinita.


Fuente: Orlando Augusto Hurtado Lara        Lecturas: 6511
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